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Marguerite Duras - Escritora

20/11/2006 GMT 1

PARIS CANALLA

odradek @ 10:54

Lucie Blin, 71 años.

Acaba de comparecer por cuadragésima vez ante el Tribunal del Sena.

Objeto principal de inculpación: robo (en escaparate).

Esta cuadragésima vez se trata de dos combinaciones, en el Almacén del Louvre (la ropa interior es lo que es más fácil). Devueltas, le valen sólo cuatro meses.

71 años, pues, Viuda desde hace treinta años.

Once hijos, de ellos siete vivos.

No sabe ni leer ni escribir.

Oficio: vendedora ambulante de flores sin autorización. Una fatalidad en la familia. Su padre y su madre lo eran ya. Sin embargo, con o sin autorización, siente hijos educados. Ni uno en la Asistencia pública. Tan “educados” que no la quiere ver. “Yo los comprendo”, dice.

Condenada a veinte años de prohibición de residencia por reincidencia en robo, sin embargo, nunca dejó París ni un solo día. Fuera, estaría perdida.

Flores, desgraciadamente, no las hay durante todo el año. Entonces ella se resigna al robo. “No puedo hacer otra cosa –dice- es imposible” Entonces, lo hace. Luego a al tribunal, como tras de visita. Le piden que confiese. Ella confiesa sin vergüenza, como sin cinismo: una testificación, yo robo. Por vigésimo quinta, trigésima, cuadragésima vez, espera a que eso pase, sin una palabra más en su defensa, sin educación pero también sin injuria, sin gratitud para con la abogada que la defiende de oficio.

-Déjeme hacer a mí, más bien conozco el percal –rechazando su oferta de ayuda, rechazando todo compromiso con la honrada.

No tiene tiempo que perder. 71 años. Hay que ir deprisa. Y calcular. Ella calcula. Sí, conoce el percal. París es una jungla, lo conoce como una gata vagabunda conoce la noche de los tejados, al igual que la justicia y se desliza en ella reencontrándose a sí misma. Y cuatro meses aquí, seis meses allá, lleva su barca, navegando contra los vientos desfavorables. Como. Y vive.

- El trabajo, estoy acostumbrada. En la cárcel o fuera, no cambia mucho la cosa. Limpiar los entarimados de la Central, o hacer lo Halles a las cinco de la mañana.

Volverá a empezar, ya que no tiene ganas de morir. Imposible, imposible hacer otra cosa. Y comerá. Y por cuadragésima vez “ellos” se quedarán sin su domicilio. “Amigos –dice- no voy encima a meterlos en un lío. Esto es lo principal.

(Marguerite Duras France-Observateur 1957)

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